Proyecto Penumbra: geoestrategia y camino a la alpha
Hay proyectos que empiezan con una hoja de ruta impecable. Este empezó con notas, pantallas provisionales y una idea que no me dejaba tranquilo: un juego de geoestrategia donde lo difícil no fuera conquistar el mapa, sino decidir qué hacer cuando nadie te cuenta toda la verdad.
Lo llamo Proyecto Penumbra. Es un nombre interno; el definitivo todavía no estaba decidido cuando escribí esta entrada, en marzo de 2026. Por entonces me encontraba cerca de preparar su alpha. Este texto recoge ese momento del desarrollo, no anuncia una versión pública posterior.
Un despacho donde todo está conectado
La referencia con la que he trabajado es Presidencia en Penumbra: política, inteligencia, diplomacia y gestión de crisis. El jugador recibe informes, escucha a ministros y asesores, toma decisiones y convive con sus consecuencias.
Quiero que la información incompleta sea parte del juego. Una operación puede darte una ventaja y abrir un conflicto diplomático. Una decisión que estabiliza el país puede deteriorar una relación exterior. Me interesan esos dilemas, donde no basta con reconocer el botón de «opción buena».
La idea es sentir que estás dentro de una maquinaria estatal delicada. No controlas todas sus piezas, pero te toca responder cuando alguna empieza a crujir.
Cómo una idea pequeña dejó de ser pequeña
Me gustan la geopolítica, los sistemas complejos y las interfaces que parecen una sala de mando. También me gusta que una partida produzca historias que no estaban escritas de antemano. Penumbra salió de mezclar esas obsesiones.
Al principio me dije que sería algo contenido. Una cosita. Esa frase debería venir con un aviso cada vez que la pronuncio antes de empezar un proyecto.
La cosita terminó acumulando paneles, eventos, asesores, variables y decisiones. Algunas ideas funcionaron al conectarlas; otras parecían brillantes en papel y se comportaron como un gremlin con café. Ha tocado rehacer interfaces y replantear sistemas, pero el conjunto ha ido dejando de parecer una colección de pruebas. Empieza a sentirse como un juego.
La atmósfera también explica las reglas
Mapas, informes clasificados, dossiers e indicadores no están ahí solo porque me guste construirlos, que me gusta bastante. Quiero que ayuden a entrar en el papel del jugador y a entender qué información tiene delante.
Ese equilibrio me está dando trabajo. Una pantalla puede tener mucha personalidad y aun así esconder el dato que necesitas. Prefiero una interfaz que transmita tensión sin convertir cada decisión en una búsqueda del botón perdido.
Lo que busco es una identidad de thriller político: despachos, informes y decisiones incómodas. Que los sistemas tengan profundidad, pero también una razón para que quieras seguir mirando lo que ocurre.
Qué espero de la alpha
Una primera versión jugable tiene que enseñar el corazón del juego y dejar claras sus costuras. No necesita fingir que todo está terminado.
En esta fase estoy ajustando el equilibrio entre sistemas y la forma de presentar información. Cambiar una variable puede alterar varias situaciones; mejorar un panel puede obligarme a ordenar de nuevo lo que muestran los demás. Son problemas concretos, y eso me hace ilusión: ya hay algo que probar y mejorar.
Me interesa comprobar si las decisiones se entienden, si sus consecuencias se perciben y si una partida deja ganas de empezar otra. Esa sensación de «un turno más» aquí no consiste en mover un granjero, sino en leer un informe que quizá cambie todo el tablero.
Las ganas de volver al teclado
Lo mejor que me está dejando Penumbra es precisamente eso: ganas de seguir. Incluso después de una tarde reajustando menús o revisando números, me apetece volver a sentarme delante.
Todavía hay camino. No quiero convertir la ilusión en una promesa de fechas que este texto no puede garantizar. Quería dejar constancia de este punto: aquella idea de la libreta ya tiene forma, personalidad y problemas propios de un juego en construcción.
Iré enseñando más cuando toque. De momento, seguimos en la penumbra, pero con menos niebla.
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Sé concreto, añade contexto (versión, distro, stack) y si puedes pega logs en bloque de código. Menos drama, más señales.