Acerca de Mí

Page

Me llamo David Abellán y nací en la maravillosa España. Ya he cruzado la barrera de los cuarenta, y con ella llegaron dos cosas: perspectiva para valorar lo importante, y un apetito aún mayor por seguir aprendiendo, creando y construyendo.

Tras finalizar mis estudios universitarios, hice lo que tantos españoles han hecho en algún momento: mirar más allá de nuestras fronteras. El mercado laboral me empujó a emigrar y, entre maletas, entrevistas y esa mezcla de vértigo e ilusión, encontré una oportunidad sólida en Italia. Allí trabajé como analista programador en el sector de la telemedicina, un ámbito en el que la tecnología no es un lujo, sino una herramienta que puede mejorar vidas de forma muy real.

Italia fue mucho más que un trabajo. Viví experiencias inolvidables, descubrí una gastronomía que merece capítulo propio, y aprendí a adaptarme a otra cultura sin perder mis raíces. Fueron cinco años intensos, de esos que te dejan amigos, historias y una versión de ti mismo un poco más completa.

Pero todo lo que empieza termina, y un día sentí que el siguiente paso no estaba en Europa. Así que, después de cinco años en tierras romanas, decidí probar suerte al otro lado del Atlántico. El nuevo mundo me esperaba.

Con poco más que algunos ahorros y una cantidad indecente de ganas de empezar una aventura, me lancé hacia el nuevo continente, como tantos antes que nosotros. No era una huida, era una apuesta: por el crecimiento, por el futuro y por la idea de que la vida también se programa a base de decisiones valientes.

Desde hace unos cuatro años vivo en Chicago, Illinois. Trabajo como lead senior developer para una empresa multinacional, donde combino visión técnica, liderazgo y mucha obsesión sana por hacer las cosas bien: sistemas robustos, soluciones claras, y equipos que funcionen con confianza, comunicación y foco. En paralelo, sigo formándome y manteniendo esa curiosidad que me trajo hasta aquí, porque en tecnología (y en la vida) quedarse quieto es retroceder.

Y, por encima de todo, estoy felizmente casado y tengo dos hijos a los que adoro. Ellos son mi brújula cuando el trabajo aprieta, el recordatorio de por qué merece la pena esforzarse, y el motivo por el que intento que cada paso tenga sentido.

Mi sueño americano se cumplió. Ahora toca lo más importante: trabajar para conservarlo, mejorarlo y disfrutarlo, con los pies en la tierra, la cabeza despierta y el corazón en casa.