BioshockSencillamente genial, genialmente sencillo. Ese sería mi resumen para describir a Bioshock, un gran juego donde los haya. No es que sea “the most” de los shoot’em up, es más, no creo que llegara al TOP 5 pero ello no hace que no sea un grandísimo juego. La jugabilidad no es lo que más destaca de este juego sino su logradísima ambientación y su atractiva historia. La recreación de los felices años 50 es de fenómenos.

La acción nos sitúa en un avión sobre el año 1960, al leer una carta y ver una foto todo se desvanece, de repente apareces en medio del océano habiendo sufrido un aparatoso accidente aéreo. Empapado y algo desorientado llegas a nado hasta una estructura metálica (algo parecido a un faro) en medio de la nada. Tras coger un “ascensor” y escuchar un sermón propagandístico, se abre ante nuestros ojos toda una ciudad submarina, Rapture. A partir de ahí comenzamos un sinfín de aventuras y desventuras (muy cortas y poco variadas) que nos hacen llegar a un final made in Hollywood. Éste es, sin duda, el defecto más grande del juego, dos posibles finales (uno bueno si salvas a las niñas y otro malo si no las salvas) abruptos y típicos del cine de palomitas.